“Mi sitio está lento, debe ser el hosting.”
Es una de las conclusiones más habituales. Y la mayoría de las veces, incorrecta.
Un WordPress lento suele tener causas más cercanas:
- Exceso de plugins que hacen tareas similares
- Plugins mal configurados
- Themes pesados o con lógica innecesaria
- Consultas a la base de datos mal optimizadas
- Falta de cacheo correcto
El hosting rara vez es el primer cuello de botella, sobre todo en sitios chicos o medianos. Cambiar de servidor sin revisar lo anterior suele traer una mejora mínima… o ninguna.
La lentitud casi siempre es estructural, no infraestructural.
Antes de culpar al hosting, conviene analizar:
- qué carga cada página
- cuántas consultas ejecuta
- qué scripts se ejecutan siempre, incluso cuando no hacen falta
Optimizar no es “hacerlo más rápido” a ciegas. Es sacar lo que sobra y ordenar lo que queda.
