El síntoma era claro: cada vez que se actualizaba WordPress o un plugin, algo se rompía. A veces el frontend, otras el panel de administración. La conclusión inicial fue: “no podemos actualizar nada”.
El problema no era la actualización.
El sitio tenía:
- un theme muy modificado sin child theme
- funciones agregadas directamente al core del theme
- plugins dependientes de versiones específicas
Cada actualización tocaba una pieza frágil y el sistema colapsaba.
El error no estaba en actualizar, sino en cómo estaba construido el sitio.
La solución no fue dejar de actualizar, sino:
- aislar las personalizaciones
- ordenar responsabilidades
- reducir dependencias ocultas
Las actualizaciones no rompen sitios sanos.
Exponen sitios mal armados.
